lunes 16 de noviembre de 2009

Tocando al frente



Ando despacito
porque ya tuve prisa
y llevo esta sonrisa
porque ya lloré de más

Hoy me siento más fuerte,
más feliz, quién sabe
y llevo la certeza
de que muy poco sé, o nada sé

Conocer las mañas y las mañanas,
un sabor de masas y de manzanas.
Se precisa amor para poder latir,
se precisa paz para sonreír,
se precisa lluvia, para vivir

Siento que sentir la vida
sea simplemente
emprender la marcha
de ir tocando al frente

Como un viejo arriero va
llevando la manada
desandando días
por largos caminos voy, caminos hoy

Todo el mundo ama un día,
todo el mundo llora,
un día gente llega
y otros te abandonan

Cada uno busca
componer su historia
y cada ser en sí
cargará el don de ser capaz, y ser feliz

Los puesteros

viernes 6 de noviembre de 2009

Luna


viernes 23 de octubre de 2009

Otoño


jueves 10 de septiembre de 2009

Cuando no todo marcha bien


Se aprende mucho más de lo que no funciona,
que de lo que siempre marcha bien.
Una buena dosis de infortunio
a menudo es un maestro dolorosamente eficaz.

" Nos enseña algo sobre nuestra fuerza
y nos ayuda a conocer nuestras limitaciones,
ese es un aspecto importante del proceso de madurar".

Los seres humanos somos capaces de cosas grandes y nobles
y todo aquel que luche por el futuro ya vive en el hoy.

La parte más grande de la grandeza
es la disposición a ir más allá
de lo que es cómodo y luchar por el futuro.

martes 18 de agosto de 2009

No desperdicies tu energía


No podemos consumir nuestra energía en enojo o resentimiento con las personas que alguna vez nos han decepcionado. Si lo hacemos, no nos quedarán fuerzas para enfrentarnos al aquí y al ahora.

Nadie puede resucitar el ayer, ni delinear el mañana, sólo el ahora es nuestro, y no lo será por mucho tiempo. Una vez que se haya ido, jamás en toda la eternidad, volverá a pertenecernos.

Yo sé que no es fácil ser un vencedor en la vida, pero siempre merece la pena esforzarse por lograrlo. Si somos capaces de vivir bien en medio de sufrimientos, penalidades o fracasos, si conseguimos aprovechar todo nuestro talento y arrojo, algo de gran valor emergerá y se brindará a los demás. Esta ansia de superar la adversidad, de sobreponerse a nuestras debilidades, ha impulsado a la humanidad a lo largo de la historia.

lunes 3 de agosto de 2009

Las palabras


Aprendo con las palabras
porque son puentes...
Nos acercan o nos separan,
las decimos todos
le ponemos colores
olores y sabores.

A veces son serenas
como una noche de Luna llena
dulces y tiernas
que consuelan el corazón.

Otras veces son saetas
tan punzantes que atraviesan todo
hieren tan hondo
que duele el cuerpo
y sufre el alma.

Me gustan las palabras
porque se transforman...
A veces son estrellas
que se tornan flores
y cuando son
negras como la noche
cierro los ojos
pues sé que mañana
un nuevo día llegará.

Me gustan las palabras
algunas, mis preferidas
Amistad
Amor
Perdón
Reconciliación
con ellas soy parte de todo
del Universo
de Dios, de la humanidad.


Las pronuncio
y renace la luz
aprendo de ellas
y en mi andar por el mundo
reconozco mis errores
y corrijo mis faltas.

Veo las palabras sembradoras
que mecen mis follajes interiores
que sanan y limpian
que perdonan y unen...

martes 14 de julio de 2009

Loa a los árboles


Los árboles ejercen un silencioso magisterio.
Yo procuro aprender las lecciones de esos filósofos inmóviles.
He aqui lo último que me enseñaron:

En el invierno cuando no tienen sol para nutrirse,
los árboles ahondan sus raices
en busca de los dones ocultos en la tierra.

No crecen hacia afuera, sus desnudas ramas
no muestran hojas o flores.
Crecen por dentro, sin ser vistos por nadie,
y en el silencio y en la soledad
se guardan a sí mismos
y se disponen a alcanzar su plenitud.

Deberíamos las personas ser como ellos:
En los inviernos de la aflicción
la soledad o el dolor,
cuando no hay sol de dicha en nuestras ramas,
deberíamos crecer
hacia lo hondo de nuestro propio corazón,
y en el silencio de nosotros mismos
hallar la plenitud humana,
hecha de Amor, de Bien y de Verdad.

miércoles 1 de julio de 2009

Chismoso


El folclore yiddish ofrece un notable cuento acerca de los chismosos que nos deja una gran enseñanza.

Uno de estos hombres había contado tantas mentiras malévolas acerca de un rabino que, lleno de remordimientos, le pidió que lo perdonara.

- Y, Rebbe, dígame usted cómo puedo enmendarme.

El rabino suspiró:
- Toma dos almohadas, ve a la plaza pública y abre allí las almohadas. Agítalas al aire y entonces regresa.

El chismoso corrió a su casa, tomó dos almohadas y un cuchillo, se apresuró a llegar a la plaza, abrió las almohadas, las agitó en el aire y rápidamente vovió a los aposentos del rabino.

- Ya hice lo que me ordenó, Rebbe.
- Muy bien - dijo el rabino, sonriendo -. Ahora, para que veas cuánto daño se hace con los chismes, ve de vuelta a la plaza...

- ¿Y?

- Y recoge todas las plumas de las almohadas - concluyó.

jueves 25 de junio de 2009

Llegó el invierno


Ahhh!....Anoche salí a mirar el cielo...¡Qué hermoso estaba!
Despejado, luminoso, lleno de estrellas de indescriptible belleza. Casi, casi como una experiencia religiosa.

Sentí que vivía en el cielo comprendiendo que el aire de mis pulmones era parte de él. Alguna vez leí que vivimos en el fondo de un acéano de aire que ejerce sobre nosotros una presión de un kilo por centímetro cuadrado. Cuando cambia el estado del tiempo, cambiamos nosotros.

La mejor época para contemplar las estrellas es el invierno. Al pasar, los frentes fríos despejan el smog y la humedad del cielo. Los breves días hacen que las noches invernales sean más oscuras, y que las estrellas brillen tanto y con tanta intensidad que parezcan diamantes sobre terciopelo negro.
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Dicen que en condiciones ideales, es posible ver hasta 3000 estrellas a simple vista. Pero, para lograr tal maravilla, es preciso conceder a los ojos 30 minutos, o más, para que se adapten a la oscuridad, y poder contemplar las estrellas desde un lugar donde no haya luces eléctricas a la intemperie.
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Algunos observan los cielos con ojos científicos. Otros, igual que sus antepasados, para navegar o saber cuando sembrar o cosechar. Pero todos los que dirigen la vista al cielo encuentran en sí mismos algo renovado.
Así, yo abro mis ojos al cielo, y lleno mis sentidos con la belleza y las maravillas del firmamento.

sábado 20 de junio de 2009

Luna hechicera


Es un hecho que la Luna atrae nuestros pensamientos. Si de pronto vemos aparecer la Luna llena, grande y amarilla, sobre el horizonte, algo nos obliga a contemplar su majestuosa presencia.
Y ella es generosa, ofrece ciertos dones a quienes la observan.

Yo supe de esos dones una noche, en el campo. Se había apagado misteriosamente el motor de mi vieja camioneta y me encontraba detenida y sola. El Sol acababa de ponerse, y miraba yo lo que me pareció el resplandor naranja brillante de un incendio forestal, al otro lado de las montañas que daban al oriente.

De repente, las montañas mismas comenzaron a incendiarse. Entonces, se alzó la Luna, grande, roja y grotescamente desfigurada por el polvo y la humedad de la atmósfera, y emergió del bosque.

Pero a medida que se fue levantando, fue adquiriendo firmesa y autoridad. Su color cambió de rojo a naranja, a oro, a amarillo apacible. Parecía absorber la luz de la Tierra, ahora ensombrecida.

Cuando la Luna se destacó perfectamente en el horizonte, los valles se habían tornado sombras profundas en el paisaje, y de súbito, yo sentí una confianza y una paz rayana en el gozo.

En tales momentos ocurren cosas extrañas, luego de una hora observándola, di vuelta a la llave de encendido de mi camioneta y oí arrancar el motor, tan misteriosamente como se había detenido poco tiempo antes.

Conduje tranquila hacia mi hogar, llevando la Luna en mi hombro y la paz en el corazón.

Desde entonces, he esperado muchas veces la salida de la Luna. Me atrae, sobre todo, cuando siento que los acontecimientos me agobian y me quitan claridad de visión en algún rinconcito de mi vida.

Espero a la Luna de los cazadores, que luce enorme y dorada sobre el horizonte, llenando las noches de resplandecientes visiones.
Por ahí, baja un búho, silencioso, pero refulgente como una llama. Un grillo canta entre la hierba.

Pienso en los poetas y en los músicos; en la Sonata "Claro de Luna", de Beethoven, y en Shakespeare, cuyo personaje Lorenzo declama en el Mercader de Venecia: "Cuán dulcemente duerme el claro de luna sobre este bancal de césped, vamos a sentarnos allí y dejemos que los acordes de la música se deslicen en nuestros oídos". Y entonces pienso, si esos versos y esas notas, como la música de los grillos, no serán en cierta forma, voces que vienen desde la Luna.